“Las historias, como las monedas, tienen dos caras, todo depende de quien las cuente”
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| Momento en que el Ing. Pedro Peña Rubio juraba en la Fuerza del Pueblo |
Ramón Alberto López Ynoa - sureXpreso.com
Por años, la política dominicana ha demostrado que cuando un dirigente deja de tener incidencia real, simplemente deja de ser tema de discusión. Por eso resulta llamativo que, tras la salida del ingeniero Pedro Peña Rubio del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), hayan surgido voces empeñadas en presentar su trayectoria como un “fracaso definitivo” y su figura como políticamente extinguida.
El presidente del PLD en el municipio de Barahona en
su reciente publicación titulada “El balance final de Peña Rubio en
Barahona”, intenta construir precisamente esa narrativa: la de un dirigente
“sin arraigo, sin carácter y rechazado” sistemáticamente por el electorado. Sin
embargo, cuando se contrastan esos señalamientos con los hechos políticos e
institucionales que han marcado la carrera de Peña Rubio, el discurso termina
revelando una reacción emocional que refleja una visión sesgada, probablemente,
influida por su posicionamiento ante las tensiones internas que se mantienen en
el PLD en Barahona.
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| Pedro Peña Rubio en el discurso de ingreso a la Fuerza del Pueblo |
Resulta exagerado atribuirle la fragmentación interna del PLD en Barahona, como se plantea en el artículo crítico. Resulta igualmente contradictorio afirmar que fue una “figura irrelevante”, mientras simultáneamente se le acusa de provocar fragmentaciones internas dentro del PLD. Las divisiones internas del PLD en Barahona no comenzaron ni terminarán con la salida de Peña Rubio. Son consecuencia de una crisis más profunda que afecta al partido desde hace años, y que no se le ha buscado una salida. Pretender reducir esa compleja realidad a la figura de un solo dirigente es una simplificación interesada.
Las historias, como las monedas, tienen dos caras, todo depende de quien las cuente; alguien contará, algún día, la otra cara de esta moneda. Esto no significa que Peña Rubio esté exento de críticas, no. Como toda figura pública con larga trayectoria, ha enfrentado derrotas, cuestionamientos y desgaste político. Pero una cosa es reconocer limitaciones, y otra muy distinta es intentar borrar su peso histórico dentro de la política barahonera.
En política, muchas veces se intenta declarar extinto
a un liderazgo antes de tiempo. Sin embargo, cuando un dirigente sigue
provocando debates, obligando a antiguos compañeros a reaccionar tan acremente,
lo más probable es que todavía conserve influencia. Quizás el verdadero
problema para algunos no sea que Pedro Peña Rubio haya perdido vigencia, sino
que todavía conserve un mínimo de capacidad para alterar el tablero político de
Barahona.
No fui partidario, ni lo seré, de que Pedro Peña Rubio
haya abandonado a su organización política en la que militó por más de 30 años, pero, fue su
decisión, y eso, se respeta; sus razones debió tener, y no soy quien para
juzgarlas. El tiempo dirá si el riesgo valió la pena.
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